Una novela de caballerías
El caballero andante volvió este verano. Yo acababa de tener un altercado con las fuerzas de seguridad, que aún estaban recuperándose del golpe, cuando el caballero andante me rescató y me ofreció un poco de charla banal, un par de rones por los viejos tiempos y una excusa para llegar tarde a casa. A medianoche, el caballero andante esperaba que la dama agradecida le concediera un baile con epílogo, pero la novela se torció porque de camino a casa unos gigantes con tricornio nos detuvieron e hicieron soplar y decidieron que el caballero no iba en condiciones de protagonizar un final feliz.
En fin, la historia tiene mal desenlace porque en la cuneta de la carretera la dama miró al caballero a la cara y no lo reconoció, y tuvo un momento de lucidez y decidió que aquel caballero poco tenía que ver con el escudero que ella había conocido hace 6 años, y que probablemente ella misma tenía ahora más de lobo feroz que de caperucita. Así que se despidió del príncipe sin comprobar siquiera si un beso lo habría convertido en rana.
Un final sin moraleja, pero lo suficientemente amargo para que la dama llegara a su casa triste esa noche, preguntándose si realmente hemos cambiado tanto y tan rápido (y si fue a mejor).
En fin, la historia tiene mal desenlace porque en la cuneta de la carretera la dama miró al caballero a la cara y no lo reconoció, y tuvo un momento de lucidez y decidió que aquel caballero poco tenía que ver con el escudero que ella había conocido hace 6 años, y que probablemente ella misma tenía ahora más de lobo feroz que de caperucita. Así que se despidió del príncipe sin comprobar siquiera si un beso lo habría convertido en rana.
Un final sin moraleja, pero lo suficientemente amargo para que la dama llegara a su casa triste esa noche, preguntándose si realmente hemos cambiado tanto y tan rápido (y si fue a mejor).
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22:43:58
Debes de estar pasándolo fatal para haber regresado al blog. (Yo el mío lo cerré hace meses)
Es cierto que muchas veces una dama prefiere quedarse con el recuerdo del caballero andante que le robaba los besos años antes…. Pero también es cierto que agradeciste el volver a hacer la prueba del algodón a su armadura, porque ya sabes, la mayoría se oxidan!!
Que bueno tenerte por estos mundos de nuevo.
Jajaja el algodón no engaña— mucha suerte en tu nueva casa!
Juan, no veo la relación entre pasarlo mal y escribir en el blog. Es sólo que otra vez tengo tiempo y ganas de escribir; a veces esto es sólo la excusa para plasmar la vida como una sucesión de momentos, párrafos, causas y consecuencias, y así las palabras convierten los hechos en ideas.