Friday, November 16, 2007

I am a sweet transvestite

La cirujana me recomendó diez días de reposo cuando terminó de bordarme un tapiz en la espalda, porque si movía mucho los brazos se me podían saltar los puntos y eso es una putada, quien tenga una abuela aficionada a hacer bufandas lo sabe. Al día siguiente pensé, bueno es que hoy es sábado y tampoco voy a meterme en una discoteca, total el plan es tranqui: ir al campo, carlos toca, tal y tal… y con la certeza de que yo sé mejor que el médico lo que me conviene (typical spanish, algún día me llevarán los guiris como souvenir) llegué a casa a las 7. El domingo tenía la espalda hecha un cuadro cubista. Agacho la cabeza, aprendo la lección, de casa no me muevo en toda la semana. Pero ayer, bueno, ya han pasado tres días, esto va mucho mejor, me ofrecen un curro de azafata y no hay que forzar la espalda… y acepto (después de exigirles que me suban el sueldo, porque 4 horas en Alicante + desplazamiento de/a Elche + parking valen más que 27euros, ¿no? A base de ponerme chunga consigo que me paguen más, me siento la María Jiménez de las azafatas).

Cuando terminan las cuatro horas de conferencia sobre impresoras que imprimen hasta lo inimprimible, la azafata se recupera de la impresión a base de vermús y habla con Ica de lo importante que es decirlo todo cuando aún estás a tiempo (o callártelo todo cuando queda poco tiempo). A lo mejor nuestra forma de vida y nuestra cultura nos han llevado a sobrevalorar las relaciones, a verlas como refugio necesario más que como complemento optativo. Me pregunto cómo sería todo antaño, sin televisión ni planteamientos, sin sensiblerías ni tiempo para ellas, cuando la vida era más dura pero venía de frente, sin bandejas de plástico esterilizado ni burbujas de dióxido de carbono y neón. Cuando los psicólogos infantiles no existían porque se hubieran muerto de hambre. Cuando mi tío se murió ahogado y la familia siguió adelante sin psicólogos clínicos ni libros de autoayuda, porque si aquello había pasado fue porque había de pasar.

En este estado mental continúo media tarde, hasta que despierto del sopor del vermú y el tinto de verano. No soy yo quien despierta, es mi travesti interior, que se remueve ante una visión de purpurina y lentejuelas rojas, el reloj que Marlene Morreau siempre quiso. Escucho a las chicas aldeaseca hablar de novios chungos y mensajes tristes y futuros inciertos, pero tengo la tarde graciosa loca y mi estado de ánimo no acompaña. A lo mejor el reloj me está cambiando la personalidad, como el anillo a Frodo.

De vuelta a Elche escucho la crónica del vídeo que asesinó a la estrella de la radio y acabo empanándome (como siempre) imaginándome que soy la O’Riordan cantando No need to argue. Es porque estoy cansada; normalmente prefiero a la Winehouse (enamorada me tiene su pelucón).
El coche ha sustituido al metro de Hamburgo como lugar de reflexión, con la ventaja de que aquí puedo apagar la música y pensar en voz alta. Ponme 15 kilómetros por delante y te saco una teoría, dame una autopista y moveré el mundo (así, sin puntos de apoyo). Hoy le ha tocado a la necesidad de estar informado, es real o nos la hemos creado, qué mas da vivir en un mundo que desconoces, es reprochable desvincularse de la actualidad, es cuestion de moral ahondar en lo que te rodea o es una inquietud creada con fines comerciales. Yo soy más feliz cuando no sé qué sucede a mi alrededor, pero es una burbuja de felicidad irreal. Y qué tipo de noticias son necesarias, por ejemplo: las del corazón no lo son porque tratan de gente que no conocemos y que no nos incumbe, pero del mismo modo no nos incumben el rey y sus pataletas o las pajas mentales de chavez, más aún sabiendo que apenas tendrá trascendencia porque hay gente trabajando para arreglarlo. Como tampoco tiene mayor trascendencia el deporte, y en este caso la difusión mediática favorece los intereses económicos de los propios clubs y les sirve de propaganda, de modo que el negocio se retroalimenta. Y la política, nada nuevo bajo el sol (“los políticos siempre han mentido y los jóvenes nunca han respetado a los mayores”, leí, “así que cuando seas viejo no protestes por ello como si fuera una novedad”). Cierto que existe el periodismo-denuncia, el periodismo que crea conciencia ciudadana, pero entonces, ¿el periodismo tiene una función social? ¿dónde queda la frontera entre información necesaria o información prescindible? ¿Se puede clasificar la información? ¿El criterio sería su utilidad social? ¿Acabo de arrojarme a los leones, señores periodistas? No me descuarticéis demasiado por hablar de algo que no conozco.

En fin, que el día ha sido fructífero: el bordado de mi espalda ha empezado a cicatrizar y el reloj queda de miedo en mi habitación. Toma.
Y en vacaciones he perdido la capacidad de organizar ideas y conectarlas. 

Posted by Imperfecta at 00:33:36 | Permalink | Comments (4)

Monday, November 12, 2007

Una novela de caballerías

El caballero andante volvió este verano. Yo acababa de tener un altercado con las fuerzas de seguridad, que aún estaban recuperándose del golpe, cuando el caballero andante me rescató y me ofreció un poco de charla banal, un par de rones por los viejos tiempos y una excusa para llegar tarde a casa. A medianoche, el caballero andante esperaba que la dama agradecida le concediera un baile con epílogo, pero la novela se torció porque de camino a casa unos gigantes con tricornio nos detuvieron e hicieron soplar y decidieron que el caballero no iba en condiciones de protagonizar un final feliz.
En fin, la historia tiene mal desenlace porque en la cuneta de la carretera la dama miró al caballero a la cara y no lo reconoció, y tuvo un momento de lucidez y decidió que aquel caballero poco tenía que ver con el escudero que ella había conocido hace 6 años, y que probablemente ella misma tenía ahora más de lobo feroz que de caperucita. Así que se despidió del príncipe sin comprobar siquiera si un beso lo habría convertido en rana.
Un final sin moraleja, pero lo suficientemente amargo para que la dama llegara a su casa triste esa noche, preguntándose si realmente hemos cambiado tanto y tan rápido (y si fue a mejor).
Posted by Imperfecta at 22:43:58 | Permalink | Comments (3)

decíamos ayer

Ha sido el verano de la búsqueda. Debajo de las alfombras, en el fondo de la piscina, en las caras de aquellos que (decían) se alegraban de volver a verme. No he dejado ningún rincón, he recorrido caminos en bicicleta y he leído como si me fuera la vida en ello, como si en el siguiente párrafo fuera a aparecer la respuesta que busco.
En septiembre seguí buscando un reflejo en los cristales del aeropuerto, una cara conocida entre mis nuevos compañeros de curro. Seguí buscando con la urgencia del que no sabe con exactitud qué busca, palabra cosa concepto idea persona o qué.
Hasta que un día me sorprendí relajada y comprendí que me buscaba sin ver que siempre estuve aquí. Sin urgencias ni estridencias. Con menos conversación de la usual, o con menos energía, o con más miedo a no estar a la altura de las circunstancias, o amortajada por la telaraña de medias verdades que se ha tejido a mi alrededor sin que yo tenga nada que ver. Diferente, pero aún habitante de este cuerpo.

El verano de volver a descubrir, de darlo todo y disgustarme cuando no recibo nada, o de tomarlo todo sabiendo que no tengo nada a cambio. La redefinición de mi escala de valores (yo y vosotros o vosotros y los otros?), de “el tiempo se consume y lo demás no cuenta” y sentirme entonces culpable por haber perdido el día en el monte sin hacer nada productivo, pero al final no se me ocurre causa más noble ni mayor fin en sus propios medios.

Posted by Imperfecta at 22:17:46 | Permalink | Comments (1) »