Tuesday, February 27, 2007

El breve espacio en que no estás

Llevaba mucho tiempo con una canción en la cabeza, sin recordarla tan bien como para poder tararearla, pero sabiendo que cantaban dos hombres, que es lenta, que hay muchos semitonos…. hasta que hoy, pensando en algo totalmente diferente, se me iluminó la bombilla: canta Victor Manuel. Youtube ha hecho el resto.

Dejo el enlace para quienes intenten resucitar una canción, por si resulta que todos olvidamos la misma. O por si un día se me vuelve a olvidar a mí.

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Friday, February 23, 2007

La bruja piruja

Soy una bruja :-(

Los profesores no deben tener favoritos, lo sé, pero no puedo evitarlo: en la clase 7 hay un niño delgadito de ojos enormes, Lucas, que parece ir con prisa a todas partes y tiene siempre una sonrisa preparada para disparártela cuando menos te lo esperas. Chapurrea el poquito español que sabe y consigue que, aunque no entiendas una palabra, te haga gracia. Siempre trae los deberes hechos a medias, siempre hay una hoja que se le ha perdido, un libro que no encuentra o un bolígrafo que se le estropea a mitad del examen. Y, a pesar de todo, aprueba siempre con nota… Podríamos definirlo como un caos simpático, y su mayor encanto es que sigue asombrándose y no renuncia a una ingenuidad muy sana, sigue ilusionándose y sigue teniendo un sentido del humor blanco… y todo esto es un milagro en el contexto de la séptima clase, hervidero de púberes que se rebelan contra un mundo que aún no conocen del todo. En este contexto, Lucas es un niño tan puro que es imposible no cogerle cariño, sobre todo cuando lo pillas mirándote en clase y disimula bajando la vista al libro, con la sonrisa en la comisura de los labios, o cuando salta en el asiento levantando la mano más que nadie para que le preguntes a él.

Hoy han tenido un examen en la clase siete, el primero de nuestra relación profesor-alumno, y ha sido una catástrofe general. Han mezclado gerundios y pronombres reflexivos, han confundido preposiciones y no han sido capaces de decir la hora. La mayoría ha aprobado por los pelos (y porque he cambiado un poquillo mi baremo para no provocar una gran depresión peor que la de los años veinte), pero Lucas no se ha librado ni por esas. Él ya lo sabía, al terminar el examen, cuando estaba buscando las respuestas en el libro. Y cuando lo he visto irse a casa llorando me he sentido como la bruja del cuento, la mala de la peli, la Bette Davis del magisterio. La culpa no es mía, que hubieran estudiado más, ahora a casa y a olvidarme de todo… dijeran lo que dijeran mis compañeros, hoy ha sido un día triste para Lucas y para mí.

El lunes será otro punto de partida…

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Monday, February 19, 2007

Crónica semanal

Cuando termino de escribir artículos para el blog, el programa me pregunta siempre en qué categoría quiero incluírlo: general, music… suelo pasar de las etiquetas, porque el blog me interesa más como contenedor donde verter mi contenido que como carpeta clasificadora. Pero, cuando se acerca el primer cumpleaños de la criatura, me he puesto a releer todo lo que he escrito en estos meses y me he dado cuenta de que me sobrarían con dos categorías: una de pensamientos abstractos y teorías para arreglar el mundo, y otra de diario de quinceañera donde dejo constancia de aventurillas cotidianas por miedo a olvidarlas.

Últimamente la categoría de pajas mentales gana por goleada, pero eso no significa que en la dimensión real no pase nada. Aquí va un resumen de los últimos siete días, para mi disfrute cuando vuelva a España y me pregunte cómo era mi vida aquí: 

Me he apuntado a un curso de alemán cuyos alumnos darían para escribir no un artículo, sino un blog entero.

He viajado 16 horas de transbordo en transbordo y tiro porque me toca, para llegar al carnaval de Colonia y salir por allí 5 horas.

He perdído el sentío en la fiesta de Elías, hasta creer que de verdad me iba a morir allí (y era una lástima, porque me quedaba tanto por hacer a este lado del túnel… También fue una lástima porque la fiesta era bastante prometedora, y cuando volví de mi viaje sideral me obligaron a dormir y no me dejaron reengancharme).

He tenido problemas con el fisco alemán, y más tendré cuando mi contrato como profe entre en vigor (el director de mi instituto lleva un mes jugando al escondite conmigo cuando lo busco para ultimar los detalles).

Me ha pillado un taxi que literalmente pasó por encima de mi pie izquierdo dos veces (y, maravillas de la especie humana, como estaba concentrada contando lo que llevaba suelto para pagarle, ni me dolió ni me dejó secuelas, y esa noche bailé por Colonia disfrazada de esqueleto).

He conocido a una pareja de ejecutivos con estilo en el supermercado, en la sección de refrigerados-lácteos, subsección queso-con-trozos-de-salmón-incrustados, y después de debatir sobre la calidad del producto nos fuimos los tres a tomar una copa. Y, según nos sentamos en el bar, lo primero que dijo uno de ellos fue: “No somos pareja. No somos gays”. Puse mi mejor sonrisa de circunstancias y me bebí el vino de un trago.

También me he mosqueado bastante con una compañera de piso que está obsesionada con ahorrar calefacción y que se mete en mi habitación cada vez que salgo de casa para apagar mi radiador. El mosqueo está acabando con mi autocontrol y sé que NO vamos a hablarlo civilizadamente, aunque estemos en Alemania, porque estoy acumulando mucha mala leche mediterránea. A este asunto le cuelgo la etiqueta de “CONTINUARÁ”  (espero que mi próxima entrada no se titule “Duermo bajo un puente y me faltan cuatro dientes”. Por la rima, digo).

Y, como último acontecimiento de la semana, le hice una tarta de chocolate a Cristina por su cumple y fue una de esas tartas de galletas con chocolate, típicas de mi infancia ochentera. Cuando la probé se me llenó el cerebro de música de Parchís, de cumpleaños en la hamburguesería África, de “hago chas y aparezco a tu lado”… (aunque mi compi de piso, la ahorradora energética, dijo que sabía a quemado… pero es que la magia de estas tartas sólo la conocemos quienes imitamos a Alaska y llevamos hombreras y mallas alguna vez en la niñez, y creo que este fenómeno fue ibérico 100%).

A lo mejor tiene razón Ruth, y resulta que soy hiperactiva…

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Thursday, February 15, 2007

La marcha Radetzky

Después del virus salí a la calle con ganas renovadas, como si tuviera la certeza de que al doblar la primera esquina me fueran a regalar unas vacaciones en el caribe… y, mientras la nariz y las orejas se me ponían rojas del frío y pisaba la nieve que nadie antes había pisado (maravillosa sensación, la nieve blanda endureciéndose bajo tus suelas) me di cuenta de que la vida es lo real, la calle, lo que duele y escuece, a veces porque hace frío y a veces porque quema, y a veces también hace cosquillas. Con permiso de John Lennon, la vida es lo que ocurre mientras escribimos blogs.

Supongo que parte de esta renovada vitalidad se debe a la gran revelación de folabe: lo que hace únicos nuestros minutos, o más bien las vivencias que los llenan, no es que sean exclusivos y que nadie más pueda sentirlos, es que son irrepetibles. Javier Marías dice en Corazón tan blanco que lo sucedido y lo no sucedido se funden en un tiempo futuro en el que dará igual lo acontecido, y que el empeño en recordar lo sucedido sólo nos hace perder tiempo presente en el que otras cosas podrían estar sucediendo. Lo dice en la página 46, y lo recuerdo porque fui incapaz de seguir por completo su razonamiento y de abarcar todo lo que intuía que sus palabras significaban, y cada vez que iba en el metro abría el libro por esa página, la leía y volvía a empezar, y la releía hasta que las palabras dejaban de tener significado y sólo eran letras reunidas… y acabé devolviendo el libro a la biblioteca sin haber sido capaz de pasar de ahí, de la página 46. Independientemente de lo que ocurra en el futuro con nuestro presente, o de lo que ocurriera en aquel presente que hoy ya es pasado… nunca volveré a ser quien yo fui hoy y aquí, y lo único que existe es el presente.

Y no puedo dejar de silbar la Marcha Radetzky :-)

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Thursday, February 8, 2007

Conectores y signos de puntuación

El lenguaje condiciona nuestra forma de pensar. Siempre tendremos que expresar nuestras ideas con palabras, y esas palabras están ya inventadas y delimitadas y desgastadas. Además, en cierto modo, las palabras dejan muy poco espacio a la subjetividad, porque no se pueden desmembrar significante y significado, por ejemplo, y porque siempre hace falta un sujeto para un predicado, y de esta manera el lenguaje pone límites a la libre expresión de nuestro pensamiento (si es que nuestro pensamiento no está limitado de por sí… ¿podemos pensar en predicados sin sujetos y en acciones que respondan a verbos no inventados?) La originalidad, pues, puede filtrarse a través de muy pocas grietas que los poetas han ido abriendo en el búnker del lenguaje.

La primera grieta que se me ocurre son algunas figuras retóricas. Metáforas, hipérboles, prosopopeyas… en general, cualquier tropo que suponga una modificación en el significado de las palabras. Figuras retóricas meramente formales, como epítetos o reduplicaciones, permiten manipular el lenguaje (la forma), pero no se ve afectado el contenido, es decir, el pensamiento que con esa forma tratamos de expresar.

El segundo margen de subjetividad que ofrece el lenguaje son los conectores. Causa-consecuencia, sumas de ideas, oposición entre ellas… los conectores son la expresión pura de nuestras concatenaciones de ideas, un reflejo de la curvas y cambios de dirección que toma el tren de nuestro pensamiento (y qué difíciles son de explicar a un extranjero cuando no conoces la traducción a su idioma… intentadlo con encima: “Encima de que llegas tarde, no traes los deberes”. ¿Cuál es la diferencia con “Llegas tarde, y además no traes los deberes”? El matiz es el estado de ánimo del que lo dice, su nivel de mosqueo, su subjetividad)

Y la última grieta que se me ocurre son los signos de puntuación. Gran invento, que sólo un signo suponga que una afirmación se convierta en una duda, una frase interminada en un titubeo o una entonación algo maliciosa… Atrás quedaron aquellas normas de puntuación que nos enseñaron en el colegio (seamos sinceros, ¿siempre escribimos dos puntos antes de una enumeración?). Los puntos y las comas y, en general, todo lo que se escribe con el asterisco del móvil obedece a unas normas académicas, sí, pero también obedece a la subjetividad del emisor, a su tono de voz, su intención. Los signos de puntuación cambian por completo el significado de las palabras, y a veces expresan mucho más que éstas. No sé a quién se le ocurriría que los signos de exclamación expresaran un tono de voz más elevado o que el paréntesis fuera una aclaración, pero se merece un homenaje por recordar que las palabras sólo son eso, palabras, y están incompletas si no se puede expresar el sentimiento que llevan adjunto.

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Wednesday, February 7, 2007

Arresto domiciliario

No era gripe, ni catarro, ni resfriado… el lunes fui al médico y me dijo que la culpa era de un virus, me firmó una baja (motivo: Virusinfektion) y me ordenó quedarme en casa una semana, comer muchas naranjas y dormir cuanto quisiera. En realidad necesitaba que alguien con autoridad me ordenara hacer algo así porque, aunque hacía mucho tiempo que soñaba con acostarme sin poner el despertador, o simplemente con dormir más de 7 horas, yo sola no era capaz de decidirme. Bendita autoridad…

Ahora, totalmente descansada, puesta al día de toda la actualidad política, sin una película en casa que no haya visto ni una revista que no haya leído, empiezo a mirar por la ventana y a echar de menos un paseíllo por la calle, que los diez grados bajo cero que disfrutamos me golpeen en la cara y me pongan la nariz y las orejas rojas… Como dice Luis, “hasta el calorcito del sol quema, si es demasiado”, o the grass is always greener on the other side, o, en mi propia versión, “siempre quiero lo que no tengo” (también hay quien dice que la felicidad es tener algo que desear, así que con esta actitud seré feliz toda mi vida, jejeje).

Gracias a todos los que habéis escrito, porque habéis sustituido las sopitas calentitas por comentarios reconfortantes :-)

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Sunday, February 4, 2007

Fiebre 1 - Hormonas 0

Después de un par de semanas de pluriempleo, compaginando mi trabajo de auxiliar con las clases particulares, las clases de prueba (de prueba superada, ¡que esta semana firmo contrato como profe de verdad!), la búsqueda infructuosa de piso y la doma de fieras alemanas (véase “cómo esquivar las embestidas de una compañera de piso teutona que odia al mundo en general y a Marta en particular”), después de estas semanas, en fin, mi cuerpo se rebeló el viernes contra el estrés, las falta de sueño, las comidas apresuradas entre dos estaciones de metro, los esfuerzos por mantener una vida social aceptable, y decidió putearme el fin de semana con fiebre. De viernes por la tarde a domingo por la noche he estado tumbada en la cama, viendo pelis compulsivamente y autocompadeciéndome, a pesar de que me lo tengo prohibido.

La fiebre ha tenido en mí una influencia conservadora, un influjo debilitador y un efecto antimorbo. Tres en uno. Echada en la cama, de repente, echaba de menos amigos que me visitaran, una madre que me trajera las aspirinas a la cama y un churri que alquilara una peli para verla conmigo el sábado por la noche. De repente, en mis delirios febriles, me convertí en un híbrido de Ana Aznar-Agag y Laura Bush, en un engendro convencido de las bondades de ser una buena mujer, de olvidar mi lado aventurero y quedarme en casa, con mi gente, con un marido que me arregle las bombillas que se funden y un grupo de amigas que me traigan pasteles de manzana cuando me ponga enferma. La fiebre me hizo intuir que había tomado el camino equivocado al venir a Alemania, al alejarme de mi gente, al salir corriendo detrás del primero que me invita a una copa, al creerme tan valiente, en fin… Pero el refranero español no se equivoca: la cabra tira siempre para el monte. Esta tarde, cuando la fiebre empezó a remitir y recobré la cordura, empecé a acumular fuerzas para salir de la cama a comerme el mundo. Yo sola. Y sin perder la sonrisa.

(A veces creo que está en mi naturaleza depender de la gente, y Silvia diría que está en mi signo, cáncer. Pero lo cierto es que este año estoy descubriendo estas debilidades inéditas, las estoy localizando e intentando fumigarlas. No sé cuál es el equilibrio entre dependencia y autonomía, lo que se considera normal o si es que no existe baremo alguno válido… pero el proceso me está enriqueciendo, a pesar del miedo a terminar convertida en un animal antisocial por miedo a depender de la gente, por miedo a estos momentos en que parezco no tener suficiente de los demás en mis relaciones con ellos, a pesar de que la gente común parece encontrarlas satisfactorias…  Una vez más, intuyo que hay algo más, que se puede llegar más hondo… una vez más, I still haven’t found what I’m looking for…)

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