A veces me pregunto si realmente no tendré demasiada suerte, si me caen las oportunidades del cielo porque pasaba por aquí y estaba en el momento oportuno en el lugar adecuado…
El viernes por la tarde quedé con la erasmus mallorquina para salir, pero antes tenía que pasar por la Haus 73 (un “bar-centro social”, algo típico alemán) porque ella tenía que grabar un corto para un curso de la universidad y había quedado allí con sus compañeros. Uno de los compañeros, Uwe, todo un reto para las mentes lógicas, ordenadas y amantes de los discursos con contenido, es miembro de un grupo cinéfilo de hamburgo, HamburgerKino. Y este grupo se reunía en el mismo bar para inaugurar el Kino Kabaret, un certamen de cortometrajes que deben grabarse y montarse en 48 horas. Este certamen tiene lugar una vez al año en Hamburgo y Berlín, y debe estar patrocinado por las fábricas de tranquilizantes, porque el ritmo que se lleva es frenético: el viernes por la noche se reúnen los directores que quieran participar con un proyecto, los informáticos que puedan ayudar en el montaje, los cámaras que quieran aportar un poco de técnica… y los actores voluntarios, que (oh, sorpresa) son bastante escasos. Así que, como Martita andaba perdida y aburrida por el bar, se topó con un director en busca de actriz y recibió una proposición decente, petición que aceptó encantda y sin saber muy bien dónde se estaba metiendo.
La segunda etapa consiste en rodar durante todo el sábado los cortometrajes. Hamburgo se llenó de cámaras, personajes disfrazados y paraguas que protegían las cámaras de la lluvia… y yo tuve que interpretar un personaje que apenas conocía, sin guión, en español y alemán; una chica que acaba de conocer la muerte de su padre… chúpate esa, Penélope!
Mi compañero de reparto era un turco bastante corto que no se enteraba de nada, interrumpía la grabación con sugerencias absurdas (o con ventosidades sonoras, una vez) y -encima- me había tirado los tejos la noche anterior a saco Paco. Y mi director era un chileno bastante majete y dialogante, aunque su idea para la película era bastante mala ( y así ha salido la bazofia que ha salido). En fin, completad el conjunto con una Martita que improvisa en alemán y que ha dormido dos horas sin ponerse siquiera el pijama (por qué será…). Os podéis imaginar el resultado, no? Así es, justo como lo imagináis. Da vergüenza.
(hoy he leído en una revista que Sienna Miller encuentra siempre pareja en todas las películas que graba… qué cabrona, ya me gustaría verla en mi lugar el sábado, a ver qué maromo hubiera elegido del plantel que me rodeaba…)
Y el domingo, en fin, sólo trabajaron el director y el cámara, que montaron toda la peli. Yo dormí mucho, vi una peli de Almodóvar (¿Qué he hecho yo para merecer esto?, me encantó el playback de La bien pagá) y me dirigí al estreno del corto a las 8 de la tarde. Empezaron a poner los cortos que habían grabado los otros grupos y, la verdad, había algunas basuras auténticas. ¿Nadie se ha parado a pensar que para grabar un corto es necesario tener algo que mostrar? Hubo un par que estaban bien, pero el resto eran absurdos. Y el mío… el mío no llegó a tiempo. Hubo un problema de formato y no estuvo lista hasta que la proyección ya se había acabado y los espectadores se habían ido. Pero aún quedábamos unos cuantos por allí: los directores, cámaras, actores y en general toda la gente que se arrimaba al grupi y que tenía un aire de cultureta flipadillo. Y este grupo tan selecto fue el público de un corto en el que yo soy protagonista; y aunque el corto es de intriga, la gente no paraba de descojonarse en las escenas de mayor tensión. Qué guay… :-I Vamos, me parto. Luego hubo quien me dio la enhorabuena por la interpretación… “Gracias hijo, y que santa lucía te conserve la vista”.
Pero oye, que valió la pena. Me lo pasé pipa, conocí a un montón de aspirantes a cineastas flipadillos y vi cómo se graba una peli, cómo cambia totalmente lo que se graba cuando lo montan de manera que el resultado final no tiene nada que ver con lo rodado… y cómo el cine es de verdad una fábrica de sueños, donde uno muestra lo que desea y esconde lo que le avergüenza, donde las luces iluminan lo que se quiere resaltar y los perfiles malos quedan en la penumbra… Y donde las rubias de bote ya no son cutres sino interesantes, porque se parecen a Greta Garbo, y las narices enormes no son napias sino atractivas, como Adrien Broody o Marthe (la adivina de mi peli), y donde el espectáculo es la excusa para que todo valga y todos nos sintamos especiales, parte de algo que llaman séptimo arte.