Wednesday, November 8, 2006

Re:

Hoy tenía dos mensajes, qué ilusión… uno es de la artista periodista, que me recuerda que yo siempre soy yo (incluso cuando dudo de quién soy, porque la duda es parte de mí, añado yo). Tú también eres parte de mí, Ericillo: de mi trayectoria hasta aquí, de mi presente y de lo que se verá.

El otro mensaje es de un blogger en busca de inspiración, que me pide que deje de rallarme y hace una apología de los chats; él conoció así a su novia. Pues me alegro (y lo digo sin mala leche). La mala leche viene ahora, y que conste que no es nada personal.

Estimado blogger que con toda la buena intención del mundo me pides que sea yo misma (“El mayor logro es ser fiel a uno mismo. Sé tú misma, aunque eso te parezca que es un error. Al final verás recompensado tu esfuerzo”):

cuando escribo estas paranoias también estoy siendo yo misma. Este es mi lado rallado, y tengo este blog para darle salida de vez en cuando. Y creo que rallarme de vez en cuando y complicarme la vida es parte de mí, una parte de la que estoy muy orgullosa porque todos mis pensamientos, los buenos y los malos, me convierten en la persona que soy.

Dices: “No te comas tanto el tarro, yo he pasado por situaciones parecidas a la que tu nos narras, y creo que lo mejor es no preocuparse en exceso por situciones que muchas veces nosotros mismos creamos con el único objetivo de complicarnos la vida”. Gracias por el consejo, pero no funciona. Porque soy muy cabezota y quiero complicarme la vida a mi manera; mi instinto me apartaría de este camino si estuviera tan mal como dices. Rallarme no es más que pensar, y espero que eso, el pensamiento, sea lo último que me falte. Porque igual que me sirve para darle mil vueltas a las cosas y rallarme, también me sirve para recordar dónde estaba el norte cuando lo pierdo, y para analizar los problemas de otras personas y anticiparme a sus necesidades, y para identificar los buenos momentos cuando estoy en uno de ellos y disfrutarlo así el doble, y para reconocer las buenas oportunidades cuando pasan por delante de mí, y para decidir si me subo en ese tren o lo dejo pasar; y si lo dejo pasar, mi pensamiento me ayudará más tarde a comprender por qué cometí ese error y a aprender de él.

En cuanto a los chats…. en fin, no me gustan las conversaciones por satélite. Enhorabuena por haber encontrado allí a tu pareja, de veras, pero a mí no me convence ni para hablar con amigos, así que con parejas ni me lo planteo.
Hay gestos y miradas que mil palabras no pueden expresar. La serenidad que sentí en España cuando vi las caras de mi gente no me la pueden transmitir ni mil conexiones wifi. Sé que a algunos les funciona para ligar, pero… ¿no os falta la emoción de acercaros a un desconocido mientras os arregláis el pelo? ¿No echáis de menos la sensación de no ser capaces de mantener una mirada demasiado intensa, de estar obligados a apartar la vista como un acto reflejo porque os sentís cohibidos? ¿De no saber qué hacer con las manos?
(Excepción: la ica y su churri. Pero la ica siempre suele ser una excepción)

Con cariño,

Martita

PD. “Todos mis pensamientos son provisionales, pero que conste que lo digo sin orgullo” (o algo así, escrito en la pared de la Facultad de Filosofía de Alicante). O sea, que mañana puede que abogue por no pensar en nada, carpe diem y viva la vida salvaje. Y seguiré siendo yo. :-)

Posted by Imperfecta at 21:24:40 | Permalink | Comments (3)

Terapia

Ayer fue un día tirado a la basura. Si hubiera sido el último día de mi vida no me habría marchado muy satisfecha de este escenario, la verdad… Odio perder el tiempo. Odio conectarme al messenger y darme cuenta diez minutos después de que en realidad esos diez minutos han sido dos horas de small talk. Odio despertarme tarde sin un buen motivo y comer cuando ya es por la tarde, y estar todo el día como una actriz secundaria en mi propia vida, sin planes ni gente ni nada. Y encima de lo autodestructivo que resulta no hacer absolutamente nada constructivo (mirar la agenda llena de gestiones por hacer y saber que mañana seguirán todas ahí), encima de no poder quitarme la pereza de encima, digo, tiene que venir alguien a decirme que toda esta situación es insana. Eso ya lo sabía yo, listo. Y lo que más me jode es que te hayas dado cuenta TÚ, precisamente tú.

Y encima del encima anterior (encima al cuadrado -hoy tengo el día de chistes malos, espero vomitar el payaso antes de mañana), bueno, pues encima de todo la Ica me abrió los ojos y me hizo ver que bien-bien no estoy, que soy una cobarde y que estoy pasando por la vida de puntillas para que las olas no me mojen por encima de la cintura. Bien, así pasaré por la vida sin que ninguna ola me haya mojado los hombros, pero no sabré qué se siente al bucear, al dejar que el agua fresca te moje la cara. Qué bonita y recurrente metáfora para describir un poco de miseria humana… 

Cuando releí mi frase me quedé pasmada: “Paso de no controlar la situación, de verle la cara todos los días y que me guste, porque no quiero que me guste”. ¿De verdad he dicho yo eso? La Vane tiene razón, si controlo la situación nunca habrá sentimientos. Pero si no hay sentimientos, nunca seré vulnerable y nunca podrán hacerme daño, ¿no? Ha habido épocas en que me he tirado a la piscina, me he atrevido y “que sea lo que tenga que ser”. Ahora no. Supongo que no me noto muy estable todavía, y siento que al mínimo vaivén se me puede ir toda la débil fortaleza interior a la mierda. O puede ser también porque no espero nada de los hombres como parejas, porque la experiencia me ha demostrado que cuanto menos espero menos me decepcionan y mejor me va. Y claro, como no espero nada de ellos, pues no voy a poner mi bienestar emocional en sus manos, ¿no? Al fin y al cabo, eso es lo que una hace cuando se enamora. Así que estoy pasando por una etapa de cobardía…

Terapia que me he autoimpuesto:

1) Escuchar música golfa. Valen Pereza, Sabina, Alaska, cualquiera que me recuerde lo poco que vale una vida convencional y sin riesgo.

2) Bailar. Cantar. Maquillarme. Tontear. A saco. A subir esta autoestima, a sentirme la reina del universo, a sentir que por mucho que me puedan putear, Martita está estupenda y eso nadie lo cambia.

3) Hablar alemán aunque no tenga ni idea de lo que estoy diciendo. Se acabó quedarme callada porque no sepa el idioma, al final acabo el día con la sensación de que no tengo nunca nada interesante que decir… ¡Me van a oir! (pero no me van a entender, en fin!)

4) Estar ocupada. Todo el día. Sólo funciono bien bajo estrés. Madrugar, trabajar, estresarme si hace falta.

5) Pasar de la gente. Prefiero ser una pesada que cae mal a todo el mundo y los aburre contándoles mi vida a quedarme calladita en un rincón para no meter la pata. Prefiero dar la nota y que todo el mundo se ría de mis bailes a quedarme sentada junto a la barra, porque entonces volveré a casa y pensaré que me he aburrido como una ostra. Prefiero caer mal a los demás a sentirme mal conmigo misma.

6) Hacer una lista de cosas que haría si sólo me quedara un día de vida. Lo vi en un blog y me gustó la idea… Y creo que esa lista me ayudaría a darme cuenta de que la vergüenza, las paranoias y el “qué pensarán” son tan pasajeros y fútiles como mi vida.

7) No encender el ordenador más de lo estrictamente necesario. Fuera messenger. Vivan las relaciones reales, las caras con vida, los matices expresados con gestos, con tonos de voz. Los silencios compartidos, que son imposibles por teléfono o por messenger. Enfrentarme a personas, no a pantallas.

8) Ser yo. Otra vez. Cobarde o valiente, simple o complicada, madura o infantil, pero yo. Con lo que me gusta hacer y lo que no, la gente que me cae bien y los que no soporto. Eso será difícil, porque en mis circunstancias (el extranjero), si me pongo a seleccionar a la gente afín a mí, me quedo sola. Los primeros grupos son “de conveniencia”, y todos lo asumimos.

Por lo pronto, hoy he hecho mil cosas, y una de ellas ha sido ir al gimnasio a una clase de NIA. Resulta que NIA es una técnica para “tomar conciencia del propio cuerpo, dirigir nuestros movimientos y liberar las articulaciones de la rigidez a la que las sometemos a diario. Todo ello combinado con ejercicios para estar en contacto con el alma, el padre, el hijo y el espíritu santo…” Total, que la clase de NIA es un desmadre. Hay una música tribal, la profesora se pone a pegar saltos, a mover los brazos como si estuviera volando mientras anda de puntillas, a pegar puñetazos al aire… y todos a copiarla. Los alumnos no éramos precisamente bailarines de ballet: había una mayoría absoluta de turcas que rondaban la cincuentena, un par de universitarias chinas y alguno más que vete a saber de dónde había salido (en Alemania llega un momento en que te preguntas si la gente es así de verdad o es una broma, tantos frikis por kilómetro cuadrado…) En fin, que con tanto salto descontrolado yo al principio estaba cohibida (encima la profe lo explicaba todo en alemán y yo iba copiando los botes de los demás, bastante atrasada en todo), pero cuando la caucásica que tenía al lado se puso a cantar en voz alta rollo étnico y empezamos a andar dando saltitos tipo Heidi por la clase… en fin, que me desmelené bastante. Visto desde fuera parecíamos una secta, dando saltos en círculo con ritmo de timbales, moviendo los brazos arriba y abajo al estilo bosquimano, y encima con la hare krisna aquella improvisando canciones… de hecho, la peña se quedaba pegada a la puerta de la clase flipando con nosotros. En realidad no sé muy bien de qué iba la clase, qué hemos hecho o qué se pretendía conseguir, he sido una especie de infiltrada, pero he liberado tensiones y cuando he vuelto al vestuario me la pelaba todo. Brusco pero sincero, “hoy me como el mundo”.

A ver si mañana repito menú. Guten Nacht.

PD: Rebeca, yo no habría podido expresarlo mejor: “Donde existen seis millones de posibilidades de encontrar una noche de sexo, en el instante antes del sueño sólo lamentamos la ausencia de un abrazo amigo”.

Posted by Imperfecta at 00:06:32 | Permalink | Comments (5)

Monday, November 6, 2006

Alicante-Hamburgo en 23 horas (y no fui en bici!)

Ya estoy aquí, ya he vuelto, con las pilas recargadas y con mucha energía (y con muchas hormonas, ou yea beibi!)

El viaje de vuelta fue una odisea, y creo que es la última vez que vuelo desde Valencia… Las pantallas de información estaban estropeadas, así que no aparecía nuestra puerta de embarque (una hora después de la hora prevista para el despegue aún no sabíamos dónde estaba nuestro avión). El techo del aeropuerto estaba en obras y se le veían las tripas, unos intestinos de tuberías plateadas y cables de papel albal que no inspiraban demasiada confianza. Uno de los alemanes que venían en mi vuelo, harto de esperar, se apoyó en una columna… y parte de la columna se cayó al suelo. Era una placa de corcho, de ese corcho que se deshace en bolitas blancas cuando rascas. Con este tipo de materiales, no me extraña que no te dejen llevar cortaúñas en el equipaje de mano… rascando rascando puedes desmontar el aeropuerto. (Por cierto, una vez que esperé y me desesperé en el aeropuerto de Tenerife se me ocurrió echarle un vistazo a la lista de objetos que no se permite llevar en el equipaje de mano, y uno de ellos era UNA CATAPULTA. “Qué putada”, le dije a Laura, “a ver qué hago ahora con la mía, yo que no puedo viajar sin ella”. Pero ella me tranquilizó: “No te preocupes, me la trago y cuando estemos en Madrid ya la cagaré”. Qué gran amiga es!)

Volviendo al vuelo, por fin nos hicieron pasar a la pasarela que conduce al avión y nos tuvieron allí dentro otros 10 minutos. Había un ejecutivo agresivo algo desesperado porque llegaba tarde para coger otro avión, y a algunos pasajeros les dio la risa cuando se fue la luz en la pasarela y nos quedamos a oscuras. A mí también me dio la risa pensando en los 50 euros que me había costado el billete de un tren que debía coger en el aeropuerto de Frankfurt y que iba a perder. Ante todo, mucha calma. Cuando por fin subo al avión, como había dejado pasar a todos los pasajeros delante de mí (por cortesía y porque estaba hasta los huevos), sólo quedaban libres un par de asientos. Qué suerte que uno de ellos sea junto a la ventana, así puedo apoyar la cabeza y dormirme a gusto. Me siento, dejo la mochila en el suelo, como siempre, y viene una azafata a pedirme que la quite de ahí “porque no se pueden dejar objetos que obstruyan la salida de emergencia”. ¿Ein? Pues sí, la pared donde pensaba apoyar la cabeza era una puerta de emergencia. ¿Se supone entonces que YO debo ser la encargada de abrirla y la primera en saltar por aquí si pasa algo? Pues la lleváis clara, compañeros de viaje.

Por fin llego a Frankfurt con una hora de margen para coger el tren, busco la estación del aeropuerto… busco… busco… y me vuelve a dar la risa. No hay. En Frankfurt hay dos aeropuertos: Hahn y Mainz. El tren sale de Mainz. Yo estaba en Hahn. De Hahn a Mainz sale un autobús cada hora y el trayecto dura hora y cuarto. Me cago en los vuelos de bajo coste.

Total, que como había mucha gente en mi situación pusieron un bus especial… y al final, no sé cómo, llegué a la estación y cogí el tren a tiempo. Fue una especie de regreso al futuro, pero la prota (yo) iba cargada con una maleta, una bolsa llena de videojuegos y una webcam, una revista del corazón y un bocadillo de mortadela. Aún no me explico cómo llegó todo a Hamburgo, pero llegó, 23 horas después de haber salido de Elche. Así que cuando llegué a casa, en vez de ducharme e ir a trabajar, apagué el móvil y me metí en la cama. Si la jefa tiene algo en contra: “I’m sorry but I don’t understand, you know my German is not so good” (o, en su variante castiza, “no me toques los huevos que vengo calentita”).

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Namari (noviembre)

Ana inventaba y cantaba

cada día una melodía,

conversaba con las hadas

y a la luna le decía:

“No sé si mi mundo existe,

¿vivo un sueño o es real?”

Ana, no te pongas triste:

tu mundo te hace especial.

Posted by Imperfecta at 01:12:40 | Permalink | Comments (1) »