Monday, October 23, 2006

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No es que se me hubiera olvidado el olor de mi casa: es que nunca se me ocurrió pensar que tuviera uno. Pero cuando llegué el miércoles lo reconocí, igual que reconocí la sensación familiar de humedad (aire pegajoso) cuando volví en agosto de Madrid. Ignoras todo esto hasta que lo echas de menos. Igual que desperté en Inglaterra un domingo y supe que era domingo porque oía a mi padre regar las plantas en la terraza, hasta que identifiqué el techo que tenía encima y me di cuenta de que estaba en Inglaterra, que no había terraza, que el ruido de agua era la lluvia repiqueteando en mi ventana. Pero hasta ese momento no me había dado cuenta de que mi padre regaba las plantas los domingos por la mañana, y nunca se me había ocurrido que echaría de menos algo así.

 Me recogieron las Icas del aeropuerto, hicimos tiempo hasta que mi hermano salió de clase y entré con él en casa… “Mira a ver, mamá, que está ahí fuera la de Círculo de lectores” ”Pero si ya nos dimos de baja” “Bueno, pero tú sal a ver qué quiere”… Y allí estaba mi madre, mirándome como si no me reconociera. Y cuando mi padre volvió del fútbol, igual. Qué bueno estar en casa y despertar el sábado por la mañana y escuchar de fondo la radio de mamá, a vivir que son dos días, y salir de la cama con la certeza de que tendré alguien con quien hablar y algo que hacer, aunque no haya hecho planes ni haya quedado con nadie. Echaba de menos todo esto, un motivo para salir de la cama los sábados por la mañana, robarles dos minutos a éstas para que me cuenten lo estresadas que van, oir de fondo las discusiones de papá y Pablo, ver que poco a poco mi habitación vuelve a ser un caos.

Al principio fue difícil, me desconcertó ver que la vida había seguido en Elche mientras yo estaba en Alemania (es una certeza, pero desconcierta. Igual que asimilar la propia condición mortal). Que las relaciones habían evolucionado, algunas nuevas han surgido y otras han acabado (algunas antes de empezar). Constatar que vivimos momentos diferentes, porque éstas se me han emparejado todas establemente y yo, en cambio, vuelvo a disfrutar del tonteo descarado entre solteros, sin discriminar por motivos de raza o religión (sí por motivos de sexo, no puedo evitarlo) :)  Pero lo básico sigue, y el desconcierto inicial va remitiendo si se buscan puntos de referencia y se comprueba entonces que sólo cambia lo superficial, el decorado, pero la estructura del edificio sigue siendo la misma: mi gente.

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Thursday, October 12, 2006

Día de la Hispanidad

Hay algunos temas en los que sólo pienso de vez en cuando, cuando estoy en el extranjero. Pero el día que me da con uno de esos temas no puedo soltarlo hasta que lo he mirado y remirado desde todos los ángulos.

Por ejemplo, el lenguaje. Ruth se reía un día cuando, al principio de llegar a Alemania, le dije que me parecía imposible que los niños alemanes hablaran alemán correctamente. Lo que quería decir es que me parece imposible que la mente humana organice automáticamente el pensamiento de la forma que el idioma alemán lo hace. Es decir, no me explico cómo los humanos llegaron a organizar el lenguaje de esta manera y crearon un código tan complejo, código que encima se perpetuó. Cuando un alemán piensa, pone el verbo en segunda posición. Pero cuando un alemán piensa una oración subordinada, el verbo pasa al final. No digo cuando un alemán HABLA, digo cuando PIENSA. Porque pensamos con palabras, y aún no sé si existiría el pensamiento si no hubiera lenguaje (aunque está claro que NO existiría el lenguaje si no hubiera pensamiento, así que supongo que alguien tuvo que pensar para crear un lenguaje, de modo que el pensamiento existía antes de que existiera el lenguaje…) En fin, que nombramos lo que existe y lo que no tiene nombre es porque no existe. Por ejemplo, mis alumnos se sorprendieron porque en España sólo tenemos una palabra para “nieve”, mientras que ellos tienen varios términos según la nieve sea más compacta, más densa… etc. Y ahora viene lo complicado, y es que (aunque en psicología llevan años debatiéndolo), yo creo que el lenguaje determina nuestra forma de pensar porque pensamos CON el lenguaje, o si no que le pregunten a alguien que haya vivido en el extranjero si no se ha sorprendido alguna vez pensando en OTRO idioma. Ahí es cuando resulta más obvio, porque cuando pensamos en español no nos damos cuenta porque siempre lo hemos hecho así, pero el día que uno se descubre pensando en inglés o en alemán… en fin, yo ese día me quedé pasmada. Más aún cuando noto que los políglotas tienen diferentes tonos de voz según el idioma que hablen. ¿Hasta qué punto determina el idioma nuestra forma de pensar y, por tanto, de ser?

Y, por otro lado, no termino de entender cómo algo tan esencial como el lenguaje, tan primitivo, puede organizarse según normas gramaticales que obedecen a criterios como oración subordinada, caso dativo, verbos separables… ¿No son todos estos conceptos demasiado complejos para regular una actividad tan primaria y visceral como el habla? No me lo explico.

En fin, que yo quería hablar del día de la Hispanidad, de las fronteras y el sentimiento patriótico, que es otro tema que me colapsa el cerebro cuando estoy fuera de España, pero creo que por hoy ya ha sido suficiente. Feliz día mundial del idioma castellano.

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Monday, October 9, 2006

La vuelta al cole

Todo ha cambiado para todos. Hoy he hablado con las de Elche, y lo que yo echo de menos ya no existe. Aunque ahora volviera, no encontraría lo que dejé. Supongo que tampoco en Madrid sería todo igual (summertime and the living is easy…). Es como aquella vez que planeé volver a Lancaster, donde había estado de Erasmus, y al final lo dejé pasar porque no quedaba ninguno de mis amigos allí.

Se acabó ir al cole, saber en junio qué ibas a hacer en septiembre, despedirte de los compañeros el último día de clase sabiendo que volverían después de vacaciones. Por eso las despedidas cada vez son más tristes. Rebeca ya lo sabía y lo explicó mejor de lo que yo puedo hacerlo:

Después de 22 años de existencia ya no tengo cole
no hay excusa para comprar bolis chulos
ni libretas blancas e impolutas
ya no tengo un horario ni un calendario resuelto hasta junio.

Ahora que no tengo dirección permanente
tan sólo un hogar transeúnte
un cepillo de dientes en cada casa
y un corazón abandonado
un espejo en el bolso, un hilera de lágrimas
un mendrugo de pan, dudas y leche.

Ahora que empieza de cero la historia
un bloc a medias con la marca de las primeras hojas arrancadas
Empiezo la continuación sin guión
aunque con excusa para el argumento
arranco de partida a un cambio de contexto sin cole, amigos o riendas

Comienzo un nuevo curso sin agenda
con obras en el gimnasio de mi rumbo
con los libros heredados
mochila con parches
cargada conmigo misma llena de mí más que nunca
aguanto la sonrisa con la seguridad de que mi sino no me fallará
con la agonía de que todo está por construir
y la liberación de dejar libre mi
pupitre de atrás

No tengo cole
Ahora mi futuro camina de día en día casi por instantes…
los meses se avecinan
como lustros infinitos

Todo eso viene porque un blogger casual (google es el azar del siglo XXI) me ha descubierto por qué el 11 de septiembre es un día tan tan malo: “Como decia Guillermo Fesser: Hoy es 11 de septiembre, y es un dia muy malo. ¿Por que? porque los niños vuelven al cole y hay que forrar los libros, y por mucho que uno se empeñe, siempre se deja una burbujita… o algo parecido.”

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Saturday, October 7, 2006

Petardeo

Anoche estuve en el Musik Hall escuchando un concierto de Bach, todo muy aristocrático y muy germanófilo… si no fuera porque a la salida me fui con unas compañeras a tomar una copa (me llevaron a un bar de tapas, qué originales… aunque las croquetas de bacalao estaban de muerte!) y allí dejamos de lado nuestras aspiraciones aristocráticas y nos pusimos tontas con un par de copas. Me recorrí la ciudad haciendo eses, hice transbordos en metros algo borrosos y llegué a casa con una sonrisa en la cara… De repente, Hamburgo no está tan mal. Conclusión: para sentirme como en casa en cualquier ciudad, es más efectivo tomarme un par de cubatas que comprar un mapa. Ojalá lo hubiera sabido hace una semana :)

Ahora resulta que en Hamburgo también hay petardeo, que en la tele alemana hay un programa llamado “Blondes on Friday” donde cuatro rubias ninfómanas debaten sobre sexo, que la Reeperbahn es una especie de Benidorm pero aún más decadente (verlo para creerlo) y que los partidos del Sant Pauli (hermano gemelo del Atlético de Madrid) se parecen bastante a aquellas corridas de San Fermín donde cae sangría del cielo. El ser humano es hortera por naturaleza, y contra eso no se puede luchar. Viva el petardeo, viva mi póster de Almodóvar y Mc Namara travestidos, viva Madonna que me ha recordado esta mañana que “we are living on a material world”, vivan los viejos vestidos de marineros que se recorren la Reeperbahn, vivan las mamarrachas. Ahora sí que empiezo a sentirme como en casa.

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Friday, October 6, 2006

Oh, benvinguts! Passeu, passeu…

Soy la funda vacía de una guitarra que un día aprenderé a tocar… (no me la puedo quitar de la cabeza, como tantas otras cosas y personas… A veces, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. O nuestros pensamientos y recuerdos imparables.)

 


 
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Wednesday, October 4, 2006

Hamburgo, capítulo 1 (nadie dijo que fuera fácil)

Vivo en una ciudad donde se hace de noche a las 7. Donde las calles tienen 5 carriles en cada dirección pero en las aceras crece la hierba porque llevan años sin que nadie las pise. Hamburgo, donde los alemanes compensan sus carencias afectivas con mascotas de todo tipo y mantitas de algodón. Donde se pasan los domingos dando vueltas en bici bajo un cielo que amenaza lluvias torrenciales o recorriendo mercadillos callejeros donde antiguos combatientes venden sus intimidades a los turistas más voayeurs y alguna que otra maruja intenta deshacerse de su antiguo ajuar para tener una excusa que la lleve a IKEA el domingo siguiente.

Comparada con Madrid, Hamburgo es un decorado de cine. Tan gris que parece de cartón piedra, tan húmeda que parece que la señora de la limpieza acaba de pasar por aquí, cristasol en mano… la gente que me cruzo por la calle parecen figurantes que van a cobrar 20 euros por grabar esta toma en la que Martita anda sin que nadie la mire a los ojos. Hubo un día en que estuve a punto de echarme a llorar por la calle y no lo hice por lo absurdo de la situación, porque habría seguido cruzándome con más y más personas que no se darían cuenta de nada, ni se inmutarían. No es que quisiera ayuda, es que me sentía demasiado sola. Como si fuera la última persona viva en esta ciudad, como si nadie más tuviera sentimientos, como si, de repente, aquel “nadie en el mundo sabe dónde estoy”, más que hacerme sentir libre, me hiciera sentir insignificante.

El primer día me perdí en Sant Georg, y cuando estaba llegando al límite vi que había alguien sentado en el asiento trasero de un coche. Me llamó la atención que una persona estuviera sentada en un coche aparcado en una calle vacía. En España habría pensado que no estaba haciendo nada bueno, aquí simplemente no cuadraba la situación. Me acerqué un poco más y vi que era un maniquí con la cabeza rapada y sin pestañas. No me sorprendió. Se parece tanto a todos los demás, pensé, y me puse a cantar ”nadie en el mundo sabe dónde estoy” hasta que se me quebró la voz. Luego llegué a una casa prestada, enorme y vacía, con techos altos. Una de esas casas donde da pereza ducharse porque en el baño siempre hace mucho frío. Allí me tiré en la cama sin cenar, hecha un lío y sin saber explicarme qué coño se me había perdido en Alemania, por qué había venido sin tener piso, amigos, ganas, nada. El primer día en Hamburgo ya me había perdido en el barrio de los yonquis y las putas (que, como dice Edurne, sólo son majos en las canciones de Sabina). Había visitado una casa donde no había nadie esperándome, aunque me dijeron que fuera a esa hora. Había andado una hora dando vueltas por las mismas calles, me habían silbado hombres desde una gasolinera, grupos de turcos me habían desnudado con la mirada, había sido incapaz de pedir un taxi porque no encontraba ningún cartel con el nombre de la calle……. y todo eso, ¿por qué? Podría estar en Elche tomando cañas con las Icas, podría estar en Madrid llevando una existencia algo insana pero satisfactoria, podría estar en mil sitios mejores que Hamburgo. Y en ese momento, como para darme la razón, me llamó Vanesica desde un concierto: ”no te oigoooooooooooooooo!! te quieroooooooo!! escuchaaaaaa!! es nuestro calamarooooo!! Un beso niñaaaaaaaaaa!!!!”

Lloré hasta que me quedé dormida, y el día siguiente fue algo mejor. Sólo me encontré con una nazi……..

…nadie en el mundo sabe dónde estoy (sin saber, sin saber dónde estoy). Y ahora que estoy solo con mi pensamiento
esperaré que el viento me venga a buscar…

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