De sintonías, o cuando me salen amigos por todas partes
Ultimamente me salen amigos por todas partes. He descubierto que uno es como se ve a sí mismo. Desde que dejé los complejos atrás me siento más libre, y la gente me nota más libre. Desde que cierro los ojos y arrugo la nariz y dejo que el sol me queme las mejillas me siento más saltarina. Desde que hablo con desconocidos y me dan igual muchas cosas me siento más contenta, y la gente me ve más feliz. Desde que estoy bien conmigo misma me siento más independiente, menos vulnerable, y me salen amigos por todas partes.
Todo esto corrobora mi teoría sobre la atracción: no todo es cuestión de belleza, nos atraen las sintonías. Y si dos sintonías van andando por la calle y se cruzan y descubren que están emitiendo en la misma onda y que pueden escucharse la una a la otra, igual que los delfines pueden escuchar un llanto de su especie en medio del ruido ensordecedor del mar, cuando dos sintonías se encuentran en la misma onda como dos voces se encuentran en el mismo cable de teléfono, entonces surge la atracción. Y el factor que desencadenó la conexión de sintonías pudo ser tan aleatorio como una mirada, un mechón de pelo fuera de su sitio o una sonrisa que apenas asoma a la comisura de los labios.
Cuando más he necesitado a la gente ha sido cuando más sola me he sentido. Ahora que no miro el teléfono cada 10 minutos esperando un mensaje, que no espero palmaditas de aprobación, ahora es cuando los niños vienen a mí. No hay nada como estar bien con uno mismo para estar bien con los demás, no hay nada como aceptar los propios defectos para tolerar los ajenos, y no hay nada como estar en paz con la vida para que todo cobre sentido y nuestra sintonía emita con más fuerza que nunca.