Tuesday, April 4, 2006

La calma

Cuando murió el abuelo Rafael, inmersa en la pena del momento, hubo una frase que me brindó todo el consuelo que necesitaba: “Ahora que el viaje termina me invade la calma”.

Posted by Imperfecta at 12:06:54 | Permalink | No Comments »

Hermanas mayores

 

En un texto de inglés que me dieron para preparar la selectividad, hace 6 años (ufff), leí que el orden en que los hermanos nacen compromete su forma de ser. Por ejemplo, decía el texto, los hermanos pequeños suelen ser más desordenados y se arriesgan más en sus decisiones. Por el contrario, los hermanos mayores son más responsables y se exigen más a sí mismos. Aunque existen excepciones, como Gem, en general se cumple la norma. Lo comprobé en Tenerife, donde me veía reflejada a menudo en las actitudes de María.

Así, me he dado cuenta de que mi condición de hermana mayor me pesa mucho. Vivo intentando estar a la altura de unas expectativas muy altas, intentando dar lo máximo a todas horas, no decepcionar, y llega un momento en que todo se me va de las manos. Por eso me sentí tan tocada por dentro cuando leí en Donde el corazón te lleve que lo importante es querer a la gente por lo que son, no por lo que tienen que ser. Cuesta aceptar a la gente como son y querer a los demás A PESAR DE sus defectos, pero cuesta más quererlos CON sus defectos. No puedo esperar que la gente cambie, no puedo sentirme decepcionada cada vez que espero demasiado y no se cumplen las expectativas. No puedo hacer favores y esperar que vuelvan… Tengo que aceptar a la gente como son, saber qué puedo esperar de ellos y no pedirles más. Ayudo a los demás porque me sale de dentro, les doy lo mejor de mí y me vuelco con ellos porque si no nada tendría sentido, pero no porque quiera establecer ningún vínculo de ayuda con nadie, no porque espere que algún día el favor vuelva.

¿Y qué hay de aceptarme a mí misma por lo que soy, y no por lo que tengo que llegar a ser? Aceptarme con mis defectos, sin dejar de evolucionar y tratar de ser mejor, pero sabiendo que tengo errores, defectos y taras que no hay por qué esconder o disimular. Yo soy así, me quiero así y me alegraré si puedo ser mejor, pero nadie nunca fue perfecto. Y quien me quiera debe saber que soy así, con mis inseguridades y mis momentos de ensimismamiento.

Hace casi un año, en junio, empecé una etapa de reconstrucción personal. El final de la relación me dejó rota, muchos pilares se derrumbaron y me dejaron vulnerable, cojeando por todas partes: amigos, amor, familia… Decidí iniciar el proceso de reconstrucción centrándome en mí misma, porque hasta que uno no está bien consigo mismo, resulta imposible estar bien con los demás. Poco a poco voy completando el puzzle, me fui librando de cargas pesadas (amigas que no me aportaban nada o que me aportaban inquietud, preocupaciones sobre el mundo exterior, ajeno a mi…) y decidí centrarme en mi interior. Ahora ese proceso de reconstrucción empieza a dar resultados, empiezo a estar de pie en medio de la multitud sin miedo a los empujones y, aunque no sé hacia dónde voy, recorro el camino pisando más fuerte. Pero todo lleva tiempo, y hace dos días descubrí mi nueva meta: quererme por lo que soy y no por lo que tengo que llegar a ser. No esperar nada de mí misma, sólo estar contenta porque he llegado hasta aquí.

A mi gente le pediría tiempo, porque cuando consiga ser mejor persona probablemente conseguiré darles lo mejor de mí misma… pero no sé si este nuevo camino acaba algún día. Quiero decir, no sé si uno termina por aceptarse en algún momento de la vida, o si más bien la autoaceptación forma parte de la misma evolución vital, y es, por tanto, un proceso inacabado.

 Y, como dije en la convivencia de hace tantos años, que si muero mañana no tenga la sensación de que me quedó algo importante por hacer, o de que no llegué a convertirme en el proyecto que tenía de mí misma.

Hoy es el futuro con el que ayer fantaseaba…

Posted by Imperfecta at 12:06:19 | Permalink | No Comments »