De qué pasta está hecho enero
Le debo tantos posts al recuerdo que no sé por dónde empezar.
Por aquella fiesta del curro que empezó con un lamparón de vino blanco apenas llegamos y terminó con mis posibilidades de ascenso, creo. Pero volvería a hacer lo mismo o incluso más, porque el camarero era realmente mono y la ica estaba desatada, y porque el niño del pijama de rayas fue un espejismo, una promesa de algo que nunca llegó. Por eso no lloro cuando le digo adiós y con él se van todas las canciones en italiano, los gigantes que andan descalzos, las fotos de parís en blanco y negro. Porque sé lo que busco y no está hecho de esa pasta, y porque no lo creo en los momentos como excusas (aunque el invierno parezca estar hecho para sofá+película+mantita, no todo el mundo vale para calentarte los pies)
Llega también la época de los cumpleaños masivos y los comentarios de Isa sobre las cremas antiarrugas; es tiempo de parejas que rompen, gente desubicada, amigos que llaman después de muchos años y quieren encontrar espacio en una vida en la que nunca cupieron, porque a lo mejor sólo podíamos ser amigos y tener cosas en común mientras ellos estaban casados, o a lo mejor no me gusta en quién se han convertido al reinventarse.
Empiezan las rutinas en el trabajo, los viernes que llegan antes de lo esperado, la confianza para tomar el pelo a los informáticos y para empezar a confundir todo lo que te quiero con todo lo que podríamos querernos. Los sueños de los que despierto sin saber qué pensar (“sólo sé que me gustó“) y las becas que se convocan en enero para cambiar de vida en junio.
Otra Lucecita emigró buscando bocadillos de calamares y algo de vida canalla, y cuando me llama desde el curro me entra la nostalgia, pero sé que estoy pasando por una buena racha porque dice Luisito que se me ve el entusiasmo en los ojos cuando hago coreografías con la limpiadora de la oficina. Ahora más que nunca veo a las Icas todas las tardes, juego al pictionary con los poperos y nos disfrazamos de superhéroes con superpoderes, quedamos a todas horas y nos calentamos los pies unos a otros. Bebemos mucho más de la cuenta, nos quejamos más de lo que deberíamos y no nos tomamos tan en serio como merecemos, pero son el proyecto a largo plazo que más me ha rentado.
El año nuevo es, en fin, mala época para dejar de fumar. I’m loving cigarettes again.